CARTA ABIERTA
La captura de Nicolás Maduro por fuerzas de Estados Unidos ha expuesto la jerarquía del poder político en México. A pesar de encontrarse formalmente en el retiro, el papel de Andrés Manuel López Obrador ha resurgido, dictando el tono de la respuesta nacional y reafirmando que la ideología de la “Cuarta Transformación” sigue teniendo su centro de gravedad en Palenque.
Al romper su silencio para condenar la intervención militar y sentenciar que “esta vez no le mando un abrazo” a Trump, el tabasqueño ha emitido más que una opinión personal: trazó la línea de fuego que la presidenta Claudia Sheinbaum y Morena han adoptado como dogma.
Esta influencia ayuda a entender porqué México, a diferencia de otros socios estratégicos que Trump esperaba tener de su lado en este momento, ha optado por una postura de confrontación ideológica. AMLO ha invocado figuras históricas como Lincoln y Bolívar para blindar su discurso de soberanía, elevando el costo político de cualquier colaboración militar con Washington.
La repercusión más severa de este mando político se manifestó en el Senado de la República. La suspensión de la reunión programada para este lunes, donde se autorizaría el ingreso de tropas de élite estadounidenses para labores de adiestramiento, es un mensaje directo al despacho oval: en el México de la 4T, la desconfianza hacia el “intervencionismo” pesa más que los acuerdos de cooperación militar.
Bajo la dirección ideológica de López Obrador, el legislativo ha puesto un freno de mano a la relación castrense, como una muestra de que el Gobierno izquierdista mexicano se ha alineado en defensa del régimen chavista de Venezuela.
Esta postura coloca a la administración de Sheinbaum en una posición de altísimo riesgo. Mientras López Obrador agita la bandera de la autodeterminación, Donald Trump ya ha comenzado a construir la narrativa para una posible acción en territorio mexicano, afirmando que “algo tendrá que hacerse” debido al control que los cárteles ejercen sobre el país.
Al vincular a Maduro con grupos criminales que operan en México, Washington está enviando una señal que AMLO parece haber decidido ignorar en favor de su retórica nacionalista.
La influencia del paisano en este momento es tal que ha logrado que el gobierno mexicano se mantenga firme en la defensa del régimen chavista, incluso cuando Trump ha demostrado, con hechos en Venezuela e Irán, que sus advertencias deben tomarse en serio.
El riesgo es más que diplomático; es personal y estructural para los cuadros más altos de Morena, quienes ahora quedan bajo la lupa de una administración estadounidense que ha quitado varias visas a miembros del partido, bajo la sospecha de lazos criminales.
Como se observa, la agenda bilateral se está dictando en esta coyuntura desde la visión ideológica que López Obrador mantiene sobre la relación con el norte.
AMLO ha decidido atrincherarse en defensa de la no intervención, marcando un distanciamiento que podría salirle muy caro a nuestro país en temas como los aranceles y la próxima revisión del T-MEC. Sin olvidar, claro está, el tema del combate al narco.
