¡Fui un valiente maestro mecánico, pero esto nunca lo había visto! … Una cosa son las fallas naturales de desgaste de los vehículos, pero otra son los actos siniestros en aquel coche. ¡El miedo día con día me invadía sin decirle nada a nadie! … Pero, como dicen los cristianitos, a cada santo le llega su día y a mí me causó un terrible impacto.
Este es un espeluznante caso narrado por el señor César, ya retirado del fascinante y delicado oficio de mecánico automotriz, quien se animó a contar su historia porque esta mala experiencia ya lleva mucho tiempo guardada en su vida personal.
Asegura don César que en aquella colonia fue muy popular por su trabajo honrado; nunca les quedó mal a sus clientes, como tampoco inventaba fallas inexistentes para cobrar de más ni engañar al usuario, como hacen algunos colegas. Era muy responsable y sus reparaciones daban constancia de un trabajo de buena calidad, tanto que sus propios clientes lo recomendaban sin que él se lo pidiera. Siempre le habló con la verdad a quien lo buscaba para algún trabajo; era tanta la clientela que no necesitó cobrar muy caro ni sorprender con engaños.
Nuestro entrevistado sostiene que en su taller tenía de «chalanes» a Carlos y Alberto, quienes a la postre se convirtieron en excelentes maestros mecánicos cuando decidieron tomar sus propios caminos en este noble oficio. Manifiesta don César que, de vez en cuando, llegaban algunos muchachos para aprender y tratar de ganarse un dinero, pues allí tenían que cumplir ciertas condiciones laborales, porque el alcohol no era bien recibido en horario de atención al cliente. … Era yo un tanto exigente porque nunca hay que revolver el trabajo con la «caguama».
Llegó el momento en que tuve que evitar que mis auxiliares tomaran cerveza en el taller y esto, claro, no les gustaba a varios de ellos. Pasó el tiempo y me fui quedando solo en el taller; de verdad eso no me afectó, porque así hacía yo el trabajo personalmente. Mi reputación aumentaba y mis clientes debían tener la paciencia debida para ser atendidos, ya fuera en el mismo día o en los posteriores.
Un día menos pensado, dice don César, llegó a mi taller un conocido que vivía como a tres cuadras; traía su coche con fallas en las rótulas y la suspensión. Coloqué el gato hidráulico, le di una «checadita» y, como era un sábado ya por la tarde, la situación era complicada por el tema de las refacciones. Así que le metí mano y comencé a desarmar las piezas para que al día siguiente, según el cliente, él consiguiera los repuestos en la colonia Tamulté.
Cerré mi taller y le hice el encargo al vecino, quien me dijo: «Vendré como a las diez de la mañana con las piezas». Ese mismo sábado, después de refrescarme, bañarme y cambiarme de ropa, me dispuse a descansar; pero como a las dos de la madrugada me despertó el sonido de la radio del estéreo. Me levanté rápidamente para ver qué sucedía… Si el taller estaba cerrado, ¿cómo es que alguien podía entrar?
Fuimos mi hijo y yo al taller y, después de verificar que no había nadie, apagué el radio y todo volvió a la calma. Cuando estaba en la profundidad del sueño, escuchamos como si abrieran una portezuela del único vehículo que había en el taller… ¡Y de nuevo acudimos y no había nadie! … Todo esto fue muy raro para nosotros.
De nuevo empecé mi trabajo ese domingo porque era una falla especial para ese vecino especial, quien me entregó las piezas y me dijo que volvería más tarde. En eso estaba yo, debajo del vehículo… cuando de pronto veo los zapatos de un hombre al que solo alcanzaba a ver hasta las rodillas; estaba seguro de que no era el dueño de ese coche en reparación.
Ante la duda, tuve que preguntar: ¿Quién es? … ¿Quién anda ahí? … ¿Qué se le ofrece? No encontré respuesta y me quedé callado por unos instantes. Volví a hablar: «¡Hoy no hay servicio, vuelva mañana por favor!».
La incertidumbre crecía sin saber quién visitaba mi taller, pues no podía ver más que los zapatos y allí estaba esa persona. No quería salir de abajo del coche para no perder el tiempo, porque en un rato regresaba el cliente. Al no encontrar respuesta, seguí trabajando y, cuando me dispuse a agarrar una de las llaves que había dejado a mi lado… ¡no estaban las herramientas!
Me preocupé muchísimo por buscar las herramientas y también por saber por dónde había entrado esa extraña persona. Al incorporarme, pude comprobar que la puerta del taller estaba cerrada, la cual aseguré después de que el cliente se retiró a su casa para poder trabajar tranquilamente. ¡La situación ya me estaba causando miedo y mucho temor, ya no podía concentrarme! … ¡Estaba sumamente inquieto y nervioso!
De nuevo asumo mi posición y me coloco debajo del vehículo… De pronto, el gato hidráulico comienza a emitir un sonido que me obligó a salirme de inmediato. Vi que el gato se estaba bajando y me podría aplastar o causar un accidente. De nuevo, dice don César, aseguro esta herramienta y vuelvo a trabajar en las rótulas… ¡Sin saber cómo, se enciende el radio de nuevo! … ¡Dejo mi posición y apago la radio! … ¡Ya esta situación estaba haciendo mella en mi concentración!
Otra vez vuelvo a atender la falla y, cuando termino de cambiar las piezas… escucho un fuerte golpe en la puerta de entrada al taller; rapidísimo acudo para abrir y me doy cuenta de que era el dueño del vehículo. Muy nervioso y alarmado, le pregunto al cliente a quién y dónde había comprado su coche. Vi claramente cuando el cliente palideció y me miró fijamente para decirme: «¿Tuvo usted algún problema con las piezas? … ¿Qué dificultad tuvo para reparar la falla? … ¿Le sucedió algo?».
Don César le contó todo lo de la radio que se encendió sola, la persona que lo visitó y a la que solo le vio los zapatos sin saber por dónde entró… ¡Lo más temerario y que lo asustó severamente fue el gato hidráulico que se estaba bajando sin que nadie lo manipulara!
Ante este escalofriante panorama, el cliente le dijo haberlo comprado a una persona conocida que tiene un tianguis de autos; esta persona compra lotes de vehículos siniestrados, los repara y los deja como nuevos a buenos precios. Don César no tuvo mayores dudas de que ese coche todavía guardaba energías residuales de su anterior propietario, quien falleció en un trágico accidente cuando manejaba dicho auto.
Quienes creen saber de este tipo de fenómenos paranormales consideran que, por las circunstancias del accidente, ese vehículo fue rescatado de un corralón de autos siniestrados. Es por eso que el comprador de lotes lo adquirió y le dieron una buena hojalateada y pintada para volver a circular en las calles.
¿Tiene usted un auto en similares circunstancias? … ¿Maneja usted un vehículo que fue protagonista de una tragedia y que fue reparado? … ¿Le han dado grandes sustos por ser dueño de un coche que anteriormente fue siniestrado?
