¡Soy alérgico a las apariciones y esto no lo soporté!… Ya no vuelvo a trabajar con ellos por temor a un susto mayor… ¡Objetos cambiados de su lugar original y luces que se encienden solas no es normal!
Tal vez para nosotros, en lo personal, la historia que hoy nos cuenta Roberto es un tanto fuerte; pero para él, que nos relata su terrible experiencia como él la considera, ya ha rebasado los límites del valor que cualquier persona normal puede aguantar.
Manifiesta Roberto que, entre algunos compañeros empleados, se venían contando cosas en voz baja; esto para no llamar la atención de los directivos de esta empresa de origen chino, porque además son muy estrictos y no permiten el diálogo entre los trabajadores para no perder el tiempo.
Nuestro entrevistado argumenta que llevaba once meses trabajando en esa empresa de capital asiático y, aunque le costó mucho trabajo adaptarse a la mecánica laboral que ellos traen de origen, aquí los mexicanos sabemos entrarle de lleno a la responsabilidad; pero ellos sí se pasan en la carga de trabajo sabiendo lo difícil que resulta ser contratado.
Cuando podíamos cruzar algunas palabras entre los mismos compañeros, lo hacíamos con mucho temor, por tanto, era casi difícil tratarnos en cuanto al ambiente laboral. Así que la otra opción era cuando ya salíamos de cumplir con nuestra jornada de trabajo… O sea, en la terminal del transporte; ahí es cuando intercambiábamos algunos comentarios de lo que sucede al interior de la sala de exhibición o de la propia bodega.
Poco a poco, Roberto fue narrando lo que veían, escuchaban y sucedía en este comercio de productos con manufactura china.
Beto, como le decían sus compañeros trabajadores, dijo que en una ocasión acomodaba en los anaqueles mercancía muy reciente, donde todo debía estar perfectamente colocado, casi milimétricamente, porque un rato después vendría un supervisor a checar que todo estuviera cuidadosamente acomodado.
»Un día menos pensado, había arreglado un largo anaquel del lado izquierdo, y todavía me puse de pie y me dio orgullo ver la perfecta panorámica de las piezas. Me preparo para hacer lo mismo en el otro extremo derecho y así avancé rápidamente, cuando de pronto escucho un ruido del otro lado y miro por entre los productos y pequeños espacios quién andaría del otro lado… ¡No había nadie! Para evitar problemas, me disponía a ponerme de pie, cuando escucho la voz de mi supervisor llamándome: —¿Roberto, venga para acá?».
De inmediato acudo y veo a mi supervisor señalando a un sector del anaquel que momentos antes había dejado perfectamente acomodado. Yo no supe qué decir, pero justifiqué que de inmediato lo arreglaría. Se retiró el patrón, pero yo me quedé desconcertado porque ¿quién pudo desarreglar lo acomodado por mí? Fue cuando hice memoria de ese ruido escuchado ratos antes; no había pasado nadie por ese pasillo.
Volví a seguir trabajando en el otro pasillo y, al ponerme de pie para estirarme un poco, veo entre las ropas que una señora de cabello largo trataba de medirse un vestido, y eso no puede ser: no está permitido. Me traslado a esa zona y busco a aquella mujer con el vestido, pero no la localicé por ninguna parte de la tienda.
Al día siguiente me comisionan a la bodega para checar mercancía y poder ubicar su distribución en los diferentes pasillos. Logro acomodar cajas clasificadas y voy llevándolas poco a poco a las áreas correspondientes; pero al volver a la bodega, encuentro muchos bultos regados en el piso, acción que no podía ser porque era yo solamente quien estaba en esa labor… Nadie más había entrado a esa parte de la tienda.
En otra ocasión, asegura Roberto, estábamos descargando cajas con mercancía recién llegada; había algunas que habíamos abierto y las acomodamos para evitar desorden, pero de pronto, donde estaban las selladas y apartadas, escuchamos ruidos y fuimos a ver… Dos cajas se abrieron solas y se desparramaron las piezas de su interior… Lo vimos los dos compañeros que ahí estábamos con ese trabajo en la bodega.
Acudimos ante nuestro jefe inmediato y le explicamos lo sucedido, y aprovechamos para ponerle en conocimiento los otros casos de apariciones en ropa, luces que se encienden solas y más detalles en mercancía general. El ejecutivo de origen chino dijo que no tuviéramos temor porque no es nada malo ni misterioso y que no sucedía nada… Que si queríamos seguir trabajando, que nos pusiéramos a trabajar y, si no, las puertas estaban abiertas.
Yo, en lo personal, solo aguanté dos meses más y solicité mi retiro y mi finiquito.
Quienes creen saber de estos fenómenos paranormales consideran que muchas empresas asiáticas se han establecido en la entidad y buscan locales abandonados a bajos precios que ellos luego remodelan sin importarles la historia de dicha construcción, donde posiblemente hayan estado personas practicantes de hechicería y otras actividades similares. Hay otra versión: que como estas mercancías vienen por barco, en el interior hayan sucedido hechos sangrientos y las energías violentas estuvieran impregnadas en esos contenedores. Esas bodegas reciben a esas «entidades» y estas se manifiestan de esa manera con algunos movimientos insólitos e inexplicables.
¿Usted, en sus compras en estas tiendas asiáticas, ha notado alguna de estas cosas siniestras?… ¿Le gustaría ver algún movimiento extraño en la mercancía que usted adquiere y lleva a su hogar?… ¿Quisiera usted saber cómo se manifiestan estas energías chinas o las de aquí?
