CARTA ABIERTA
La inminente salida de Jesús Ramírez Cuevas de su cargo en Palacio Nacional marca el fin de una era de influencia que hoy se ve eclipsada por una cascada de graves señalamientos.
Lo que comenzó como una posición de poder, absoluto bajo la sombra protectora de López Obrador, ha derivado en una crisis de legitimidad que amenaza con contaminar el gobierno de Claudia Sheinbaum.
La permanencia del actual coordinador de asesores es un pesado lastre político que la presidenta no puede permitirse por mucho más tiempo. La caída del otrora hombre fuerte es ya una crónica de un desenlace anunciado y vergonzoso.
El golpe más contundente ha venido de un frente inesperado: el libro Ni venganza ni perdón, escrito por Julio Scherer Ibarra en coautoría con el periodista Jorge Fernández Menéndez. En sus páginas, Scherer describe con detalle cómo Ramírez Cuevas utilizó un decreto presidencial destinado a los extrabajadores de Luz y Fuerza del Centro como una herramienta de construcción de redes clientelares y operación política.
El costo para el erario es monumental, calculándose un pasivo de 27 mil millones de pesos por un programa de compensación vitalicia que, según los autores, careció de sustento jurídico y financiero.
El Sindicato Mexicano de Electricistas incluso ha señalado que el decreto fue negociado con liderazgos impuestos por Ramírez y Manuel Bartlett, violando la autonomía gremial.
Scherer acusa a Ramírez de abusar de la confianza de López Obrador para favorecer a aliados como Rosendo Flores y operar políticamente a favor de la campaña de Clara Brugada, incluso actuando en contra de los intereses de la propia Sheinbaum, quien en su momento se inclinaba por la opción de Omar García Harfuch.
A esto se suman las informaciones de la web La Política Online, que han puesto el foco sobre los oscuros vínculos de Ramírez con Sergio Carmona, el empresario asesinado en Nuevo León y vinculado a presuntos esquemas de financiamiento ilegal para las campañas de Morena.
Carmona es descrito como la punta del iceberg de una investigación que incluso se sigue en Estados Unidos.
Asimismo, el escándalo inmobiliario que rodea al periodista Alejandro Páez Varela, identificado como una figura cercana y patrocinada por el exvocero, refuerza la imagen de una gestión plagada de irregularidades y beneficios personales al amparo del poder.
Los reportes internos sugieren que Ramírez Cuevas vive una agonía política, consciente de que los ataques provienen de diversos flancos, incluido el fuego amigo. Se menciona incluso su recurrencia a prácticas alternativas y rituales con psilocibina para intentar lidiar con la presión de un equipo de confianza que se ha fragmentado, mientras el entonces secretario particular Alejandro Esquer, hoy senador, mantenía la confianza directa del presidente.
A pesar de este panorama sombrío, Claudia Sheinbaum ha salido en su defensa pública durante su conferencia mañanera, calificándolo como un hombre de principios y recordando que su relación data de sus tiempos como estudiantes, cuando ella estaba en la Facultad de Ciencias y él en el CCH Naucalpan. Para la mandataria, Ramírez sigue colaborando y no tiene por qué presentar su renuncia, una calma que recuerda a la que precedió las salidas de Adán Augusto López Hernández o Alejandro Gertz Manero.
La realidad política y el desgaste institucional sugieren que su salida es solo cuestión de tiempo. En los pasillos de poder ya se menciona con fuerza a Gerardo Esquivel como el perfil más probable para ocupar la coordinación de asesores. Esquivel, quien entre 2019 y 2022 se desempeñó como subgobernador del Banco de México, sería un cambio de rumbo técnico necesario para la administración, alejándose de las controversias y el desplome de quien fuera el artífice de la comunicación oficial.
Esquivel Hernández está casado con Graciela Márquez Colín, también economista y funcionaria pública, quien fue titular de la Secretaría de Economía de México y actualmente es miembro de la Junta de Gobierno del INEGI.
Ahora, mantener a Jesús Ramírez Cuevas en Palacio es prolongar un daño que la presidencia de Sheinbaum no debe cargar.
¿Y su conexión con Tabasco? Bueno, tan sólo hay que decir que Ramírez fue uno de los más contentos con la salida de Adán de la coordinación de Morena en el Senado. A tal punto, que lo sintió como una victoria en su larga estrategia de desgaste orquestada desde el sexenio pasado contra el exgobernador.
