¡Fue un regalo muy especial que siempre será recordado!… ¡Hay energías malas, pero esta de verdad que es buena!… ¡Ella estuvo a punto de morir… pero fue salvada por esa entidad!… ¡Hay que tener cuidado al comprar cosas extrañas!!!
Esta historia la teníamos guardada desde hace un breve tiempo y esperamos la ocasión para publicarla tal y como nos recomendó don Arturo, quien nos relata un suceso personal con motivo de la celebración de San Valentín. Don Arturo asegura que de joven fue un muchacho con mucho romanticismo, como todos los de su época; pues, «sin querer queriendo», hizo química con una señorita que no tenía mucho tiempo de haber llegado de Puebla, su lugar de origen, pero que por cuestiones laborales se estableció por un tiempo en Tabasco.
Argumenta don Arturo que cuando ocurre el «flechazo» a primera vista se pierde todo y uno se concentra en ser agradable y empático con la persona que le cae bien. De la misma forma, don Arturo, como todo joven ilusionado por aquella señorita, logró un mayor acercamiento al área donde ella estaba asignada. Así hubo encuentros, después en los horarios de comida, en la entrada o salida de la empresa; y así se fueron dando aquellos encuentros «casuales» que fortalecieron la relación. En ocasiones nos tocaba intercambiar diálogos con el pretexto de algunos productos, ya fuera por su ubicación o existencias.
En dos que tres ocasiones coincidimos en la salida y por buen rato nos quedamos platicando en el paradero del servicio público de pasajeros; luego vinieron las invitaciones a cenar, posteriormente los paseos en los días de descanso y así las barreras fueron desapareciendo. Llegado el momento de casi un año de esta relación, que ya era más común, tuve el atrevimiento de «declarar» mis sentimientos y, ¡vaya mi sorpresa!… ¡fui correspondido!
La situación había mejorado al cien por ciento y ya existía la confianza, un mayor respeto y cuidado hacia ambas partes. Ya era clásico esperarnos a la salida y era cuando yo la acompañaba a su casa al lado de una compañera de la misma empresa. De tal forma que, siendo joven, quería causarle una buena impresión con un regalo adquirido fuera de la empresa donde trabajamos.
Entre algunos compañeros platicamos de artículos y me recomendaron un local en el Centro Histórico de Villahermosa con excelentes novedades para esta celebración del Día del Amor y la Amistad. Mi búsqueda por estos comercios fue intensa, pero al fin logré dar con una muñeca muy especial, original y de expresión fabulosa, que inspiraba confianza y belleza. ¿Y por qué tanta búsqueda para este regalo? Es que en las constantes pláticas con ella me aseguró ser de esas personas a las que les agradan los artículos «vintage», y tuve que investigar ese detalle; por tanto, me incliné por buscarle algo especial.
¡Ahí estaba la muñeca que buscaba!… ¡A mí me pareció lo ideal para su gusto!… No dudé en adquirirla y envolver el regalo… ¡quedó todo perfecto! En el lugar donde compré el regalo me dijeron que «no había salido» tan rápido ante la variedad de tantos productos, pero que estaba impecable en su paquete original; lucía nueva y muy atractiva.
Llegada la celebración de San Valentín, me hice presente con este fantástico regalo; luego una cena y se fortalecieron nuestros sentimientos de enamorados… ¡Estaba yo totalmente perdido!… ¡En los cuernos de la luna (literal)!… ¡Muy enamorado y joven, al fin! A Laura le agradó mi regalo y estaba contenta porque era perfecta esa muñeca con la que dormía en su cama.
Un día que coincidimos en el trabajo, llegó un poco desvelada y me contó que ¡la muñeca le había salvado la vida!… «¿Y cómo fue eso, Laurita?», le pregunté.
«Me cuenta ella que, después de cenar, me fui a ver un rato la TV, pero el cansancio me dominó y me dormí… de pronto escucho un ruido y me despierto… ¡la muñeca había caído de la repisa donde la había dejado!… Ese ruido me levantó, pero me di cuenta de que olía a gas mi casa; corrí rápido a la estufa y ¡veo una hornilla abierta que por un descuido olvidé cerrar! Sin encender la luz, abrí ventanas hasta dejar sin gas la estancia. Levanté la muñeca del piso y vi que no tenía ningún daño… ¡no así el jarrón donde estaba recargada!».
Dos semanas después, como a las doce de la madrugada, dice don Arturo que le contó su novia Laura: «Me despierto por unos golpes en la puerta de entrada a mi casa y rápidamente acudí para ver qué sucedía… ¡Se me había olvidado cerrar correctamente la puerta principal y solo la había dejado entreabierta, sin el cerrojo ni llave!».
Cuando me contó ese suceso Laurita, afirma don Arturo, ¡siempre creí que esa muñeca marcaría de buena forma la vida de mi novia!… ¡Como que cuando la compré me estaba esperando! Finalmente, ella me confió otras situaciones parecidas y, por requerimiento de sus padres, tuvo que volver a Puebla… ¡acompañada de esa enigmática y salvadora muñeca!
Quienes creen saber de estos fenómenos paranormales consideran que, en efecto, existen estos artículos que encierran alguna energía positiva; porque, hay que decirlo, no todas son negativas o causan daño a quien las posee. ¿Usted tiene una muñeca como esta que le regalaron a Laura?… ¿Le gustaría a usted tener una igual o superior a esta muñeca?… ¿Cree usted que le hagan un regalo parecido este 14 de febrero y que la proteja como a la novia de Arturo de joven?
