CARTA ABIERTA
El abatimiento del gran capo Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho”, es un punto de no retorno para la narrativa de seguridad del gobierno de Claudia Sheinbaum, con efectos inmediatos y de mediano plazo aún abiertos.
Medios internacionales hicieron eco en sus portadas, ya que era el narcotraficante más buscado del mundo y con recompensa millonaria en Estados Unidos, lo que sugiere la implicación directa de Donald Trump y Marco Rubio en el desenlace final.
Es un golpe de autoridad, ya que el operativo, encabezado por el Ejército y Omar García Harfuch, con respaldo de agencias del país vecino del norte, puede ser presentado como el mayor logro de seguridad del sexenio claudista, reforzando la imagen de autoridad de la presidenta.
Es decir, se desarma el argumento de “falta de voluntad” que la oposición había difundido, asegurando que Sheinbaum no se atrevía a ir contra los grandes capos y que su estrategia basada en “causas” y “cero impunidad” era blanda. Ahora, la caída de “El Mencho” contradice ese señalamiento.
Líderes de opinión en columnas y análisis ya lo describen como “primer gran golpe” y “golpe político que necesitaba Sheinbaum”, lo que obliga a muchos de sus críticos a matizar sus dudas sobre el compromiso con la seguridad.
¿Cómo se verá ahora a la presidenta?: como una mandataria capaz de usar el poder del Estado, que también puede tomar decisiones de alto costo y alto impacto.
Se nota una mutación en el ejercicio del poder. Mientras López Obrador evitó el choque para contener la violencia, Sheinbaum Pardo opta por operaciones que devuelven al Estado su papel, con Harfuch como uno de sus protagonistas.
(No hay que olvidar que entre los episodios de mayor impacto atribuidos a ‘El Mencho’ destaca el atentado, en junio de 2020, contra el entonces secretario de Seguridad de Ciudad de México, Omar García Harfuch, cuando un comando armado emboscó su vehículo en una de las principales avenidas de la capital, dejando varios muertos y heridos).
El simbolismo que llega a gobernadores, a fuerzas armadas y a EE. UU., es que la presidencia ha dejado atrás la política de “abrazos no balazos” de su antecesor, lo que implica un punto de no retorno; y quizá, sólo quizá, un punto de quiebre con Palenque.
Por otra parte, no hay que olvidar que la muerte de uno de los capos más buscados del mundo puede detonar luchas internas por la sucesión en el CJNG, o la emergencia de mandos regionales con mayor autonomía y violencia. Grupos rivales podrían intentar avanzar sobre plazas clave de Jalisco, Michoacán y entidades vecinas, generando una fase de reacomodo y posibles picos de violencia en muchas partes del país.
