Poder Político
Qué paradoja, crear un organismo público descentralizado denominado «Universidad de Cuadros para Servidores Públicos del Estado Mexicano», una iniciativa con proyecto de decreto presentada en el senado de la República cuando en la dicotomía de su concepción sería utópico habida cuenta que justo esas «prácticas insanas» a solventar son una constante ancestral independiente de los regímenes y entre los poderes de unión con el signo de la corrupción en todas sus expresiones, consecuente con la incompetencia para cumplir las atribuciones de la función pública.
En el discurrir de las contemporaneidades el cogobierno en la división de poderes están marcados por las «cuotas y cuates» visibilizadas por los adversarios al régimen en turno, un contraste evidente con relación a la desgastada retórica presuntuosa de asumir una posición de poder para servir y no servirse.
Ejemplos los hay en el pasado y en la actualidad, así como se continuará al tenerse un inocultable núcleo de exclusividades con los mismos rostros, nombres y apellidos de siempre, sin importar que cumplan con los perfiles exigentes de sustento profesional, pernicioso para las colectividades
«Seguimos padeciendo las lacras del amiguismo en la colocación de funcionarios públicos, del tráfico de influencias llamado influyentismo, de familiares; es decir, nepotismo, en general del capitalismo de cuates y de cuotas (…) Debemos de erradicar estas prácticas totalmente nocivas que heredamos del pasado en México, pero para ello debemos de reconceptualizar lo que es un servidor público», argumentó el senador Gonzalo Yáñez, del Grupo Parlamentario del Partido del Trabajo, en su exposición de motivos durante su intervención este 17 de febrero, en sesión de pleno.
Aun con el reconocimiento plausible para constituir una «Universidad de Cuadros para Servidores Públicos del Estado Mexicano», la iniciativa choca con la realidad en todos los tiempos y circunstancias; basta con mirar al cuerpo diplomático de carrera del Servicio Exterior Mexicano desplazado para asignar a embajadas y consulados a ex gobernadores y otros tantos funcionarios públicos sin oficio ni beneficio, sin la elemental formación ni conocimiento para asumir la posición, excepto que responden a la cultura de las negociadas «cuotas y cuates».
En fechas recientes se nombró a quien fuera Fiscal General de la República Alejandro Gertz Manero como embajador en el Reino Unido, como también aconteció antes con Quirino Ordaz Coppel, ex gobernador de Sinaloa, en España; Claudia Palovich, ex gobernadora de Sonora, que primero fue cónsul en Barcelona y ahora es embajadora en Panamá; Carlos Joaquín, ex gobernador de Quintana Roo, en Canadá; Omar Fayad, ex gobernador de Hidalgo, en Noruega. Todos fueron asignados en el plazo inmediato a haber concluido sus respectivas gestiones administrativas, aunque no son los únicos sobre todo de cuño priista neoliberal en el régimen actual.
El caso más reciente de ofrecimiento de una embajada se dio con Marx Arriaga, encargado de elaborar los cuestionables libros de textos de la «Nueva Escuela Mexicana», quien en medio de las discrepancias protagonizó el más bochornoso de los actos de rebeldía al atrincherarse en sus oficinas de la Secretaría de Educación Pública; un show escalado a nivel de las redes sociales.
Para qué crear una «Universidad de Cuadros para Servidores Públicos del Estado Mexicano» cuando no sólo se discrimina al Servicio Exterior Mexicano sino que también en la iniciativa de reforma electoral próxima a presentarse mantiene el propósito de desaparecer al Servicio Profesional Electoral, la estructura en la que reside la organización de las elecciones que se llevan a cabo para elegir por voluntad popular los cargos ejecutivos y legislativos, endosado ahora los del Poder Judicial.
Ningún sentido hace la iniciativa con proyecto de decreto del senador Gonzalo Yáñez cuando en su partido político como en los demás no se tiene una auténtica escuela de cuadros formadora de los perfiles de militantes profesionales con claridad sobre la función pública para el acceso al poder.
Por lo contrario, para las candidaturas populares se reciclan a personajes a los que se reconoce desde antaño, sumado a su nulo compromiso e ineficientes para ejercer los cargos ejecutivos y legislativos; basta con mirar en los Congreso de la Unión y los locales qué personajes lo integran con la hoja de función pública.
La «Universidad de Cuadros para Servidores Públicos del Estado Mexicano» pasará sin pena ni gloria en el trabajo en comisiones, sin mayor ánimo para darle cause; será sólo una anécdota, nada más eso al ir contra natura de las «cuotas y cuates» que salpica a toda la clase política cogobernante, sin colores ni partidos.
