EL COFRE DEL SILENCIO
La incongruencia de una sociedad insensible: por un lado, exige mayor castigo para quienes maltraten a los animales, pero no son capaces de levantar la voz en favor de las niñas violadas
México enfrenta una disyuntiva que ha sido eclipsada ante los últimos acontecimientos, pero que no debe ni puede soslayarse, se ayuda a Cuba o se rescata a los paisanos que viven en extrema pobreza, sobre todo, en lo referente a la alimentación…Es moralmente perturbador, ya que mientras se envían toneladas de alimentos a Cuba, con la justificación de “una ayuda humanitaria”, en el territorio mexicano subsisten comunidades en pobreza extrema, sin acceso al agua potable o entubada, con niñas obligadas a parir tras violaciones o “matrimonios” forzados, y municipios atrapados en alta marginación…Aquí se impone una pregunta, si la acción se debe analizar bajo la óptica de la diplomacia o de la ética, pues ningún país se puede proclamar solidario hacia afuera e insensible con su propia población…Vayamos por parte, el pueblo cubano, hermanado con México desde siempre, gozó en su momento de luz propia…Hasta antes de 1959 Cuba mantenía una economía dinámica, un alto Producto Interno Bruto (PIB), amplia inversión extranjera y era el “dueño absoluto” del llamado “oro” blanco, el azúcar…Al llegar “la libertad” con Fidel Castro y su revolución, inició un despojo inmisericorde de todas las empresas a sus legítimos propietarios, para dar paso a la estatalización de las mismas…El resultado fue “un espejismo” lleno de discursos libertarios, donde los golpistas vivían o viven como verdaderos “reyes o jeques”, mientras que el pueblo no puede comer ni mie…, porque simplemente no tienen que defecar…Actualmente esa isla ya no brilla, por las noches se apaga, el agua escasea, los hospitales operan con verdaderas carencias, el transporte público es tan sólo un simbolismo, mientras que conseguir productos básicos alimentarios es casi imposible…La ciudad que fue vitrina turística del Caribe, hoy muestra hoteles semivacíos, calles deterioradas y edificios que se desmoronan como la “fantasía” de una política social incluyente…Miguel Díaz-Canel y los descendientes de Fidel y Raúl Castro, ansían que EE:UU: “invada” la isla, ese sería el pretexto perfecto para invocar nuevamente a “una lucha” en contra del imperialismo, sin embargo eso está muy lejos que suceda…Trump sabe que la caída de ese régimen es cuestión de tiempo…La nueva revolución no será por libertad, será producto de una hambruna que llevará “al pueblo bueno y sabio”, pero de esa isla, a buscar derrocar a las autoridades para poder tener acceso a comida, agua y electricidad…Ante ese escenario, es indudable que la ayuda humanitaria del extranjero podría palear en algo las necesidades del pueblo cubano, el único inconveniente es que todo tiene que pasar por las manos del gobierno y ahí está el detalle, diría el genial Cantinflas…Es por eso que se considera inútil e inoperante el que México destine parte de sus recursos económicos para enviar ayuda a la isla…No se trata de negar cooperación internacional, nuestro país tiene tradición en esa materia, pero el problema surge cuando la solidaridad parece selectiva o cuando la narrativa humanista ignora el dolor doméstico…En estados como Chiapas, Oaxaca y Guerrero existen municipios donde el acceso a agua entubada sigue siendo intermitente o inexistente, comunidades donde la electricidad falla constantemente o no existe, donde las clínicas y hospitales se encuentran a muchos kilómetros de las poblaciones de bajos recursos económicos…En diversas regiones de nuestro país persisten prácticas de “matrimonios” arreglados que involucran a niñas de entre 8 y 14 años, niñas que no eligen o consienten esas relaciones y que son forzadas a uniones que derivan en embarazos tempranos, muchos de ellos productos de una violación…El discurso público se indigna, tal vez con razón, por el maltrato animal o por causas ambientales que sin duda merecen atención, sin embargo la indignación selectiva genera una tensión incomoda…¿Por qué la movilización social no tiene la misma intensidad cuando se trata de castigar con mayor severidad la violación de menores?…¿Por qué no hay el mismo clamor colectivo frente al embazo forzado infantil?…No se trata de competir en sufrimiento y dolor, se trata de jerarquía moral, ya que en una país donde existen niñas obligadas a maternar antes de terminar la educación primaria enfrenta un problema civilizatorio…Todo pareciera indicar que la dignidad de esas menores no es prioridad nacional y ahí es entonces donde el contraste con la ayuda exterior se vuelve una explosión…En conclusión, México debe voltear los ojos hacia los problemas domésticos que tiene ante si y después ayudar a los pueblos hermanos, no es un acto egoísta, es un acto de congruencia, no se puede seguir siendo candil de la calle y oscuridad de la casa…hasta la próxima.
