CARTA ABIERTA
Dentro de la guerra de Irán, hay una pregunta incómoda en el aire para la Cuarta Transformación: ¿es México el siguiente paso de Donald Trump en ese objetivo de destruir a los cárteles del narcotráfico?
Mientras el mandatario estadounidense ha advertido sobre posibles ataques, la respuesta se busca ahora más allá de los pasillos de Palacio Nacional, porque surge un caso que ha llegado desde el otro lado del charco.
El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, ha plantado cara a Trump de una manera que pocos esperaban. Ante la amenaza del republicano de cortar toda relación comercial con España por negarle el uso de sus bases militares para la ofensiva contra Irán, Sánchez respondió con un categórico “No a la guerra”.
El líder izquierdista español defendió la autonomía de su país en una actitud que ha sorprendido. Pero más que nada busca movilizar su nicho del voto progre en víspera de las elecciones autonómicas y generales que se avecinan en su país.
Esta postura del PSOE se acomoda en el contexto mexicano. Según fuentes citadas por la revista Proceso, el gabinete de seguridad de Claudia Sheinbaum ya contempla escenarios si Trump ordena al Pentágono atacar dentro de México.
La postura es: si Estados Unidos actúa unilateralmente, el gobierno mexicano responderá con la expulsión inmediata de los 70 agentes de la DEA y de cualquier otra agencia federal estadounidense.
Jack Riley, exjefe de operaciones de la DEA, ha calificado las amenazas de Trump como una “impertinencia precipitada”, advirtiendo que actuar contra los cárteles sin la cooperación de México sería un error grave.
Aquí es donde el panorama se vuelve interesante. Tanto Sheinbaum como Sánchez encabezan gobiernos de izquierda que anteponen la palabra soberanía. Sin embargo, la interdependencia económica entre México y Estados Unidos es un factor de presión que España, protegida por el bloque de la Unión Europea, gestiona de forma distinta.
La 4T enfrenta el dilema de si podrá sostener una postura tan desafiante como la española sin arriesgar la estabilidad del país.
Si México da ese paso, como sugiere la posible expulsión de la DEA, estaríamos ante un cambio de paradigma en la relación bilateral.
Por lo pronto, ahí está la postura de Pedro Sánchez, sobre la que el asesor de Palacio Nacional desde los tiempos de López Obrador, el español Abraham Mendieta, ha publicado un post en X, diciéndose “muy orgulloso” de lo hecho por su país.
