CARTA ABIERTA
La gestión de Claudia Sheinbaum ha entrado en una fase de consolidación que merece un análisis desapasionado, objetivo. En medio de los delicados pendientes en temas diversos, la mandataria está logrando cerrar círculos en varios frentes, con un estilo capaz de negociar y distender tensiones.
Un ejemplo de este pragmatismo es el reciente deshielo con la Corona española. Tras el gesto del rey Felipe VI al reconocer que en la conquista de América hubo mucho abuso, Sheinbaum respondió de forma casi inmediata invitando al monarca al Mundial de Fútbol de 2026.
Esta maniobra limó un punto de fricción iniciado cuando Andrés Manuel López Obrador envío una carta a la Corona, pidiéndole una disculpa por los abusos contra los pueblos originarios de América.
La respuesta favorable de la Zarzuela a la invitación de la presidenta a Felipe VI restablece la relación, y es casi un hecho que Claudia asistirá a la treinta edición de la Cumbre Iberoamericana, a celebrarse en Madrid los días 4 y 5 de noviembre.
Como se había dicho en la columna anterior, este suceso es un triunfo político para Sheinbaum y López Obrador, ya que la 4T refuerza su posición ideológica y cohesiona su base simpatizante de izquierda.
En el flanco norte, también hay señales de estabilidad que sorprenden hasta a los más duros críticos del régimen. El embajador de Estados Unidos, Ronald Johnson, calificó la relación actual como una “cooperación histórica” con Donald Trump y Sheinbaum.
El gesto del embajador a los resultados en seguridad, extradiciones y control fronterizo es un respaldo a nombre de Trump. Sheinbaum desactiva así sus temores de confrontación y de un ataque en suelo mexicano a los cárteles.
Hacia el interior, Claudia ha sido tajante frente a las especulaciones de ruptura. A pesar de las exigencias de la oposición para que se deslinde del Peje (acentuadas por coyunturas como el abatimiento de El Mencho y la no aprobación de la reforma electoral), reafirmó con contundencia que no habrá tal separación.
Al calificar, ayer miércoles, de machistas las sugerencias de que no posee libre albedrío por ser parte de un mismo proyecto, la mandataria marca su territorio: reconoce compartir convicciones con el expresidente, pero con un estilo y toma de decisiones propios.
Parece que la doctora ha tomado el bastón de mando con firmeza. La ruta es consolidar su Gobierno, mientras mantiene la alianza irrompible con su mentor político. Cerrar círculos es avanzar, y ella parece estarlo logrando sin la necesidad de soltar la mano de López Obrador.


