¡Alegre y cantando conducía mi tráiler cuando apareció aquello!… ¡Nunca me imaginé que esa aparición fuera tan real que me la creí!… ¡No estaba dormido ni mucho menos lo soñé!… Fue un clásico de la carretera en los que no creía… ¡pero me sucedió!
Originario de lo más alto de Tamaulipas, pero ya tabasqueño de corazón porque aquí tiene a su familia, don Alfredo estuvo al frente del volante de un tráiler por más de 30 años, pero por problemas de la vista, dejó tan apasionante trabajo.
Animado por muchas historias publicadas, don Fito, como lo conocían en el ambiente de los traileros, dice que en los merenderos de descanso algunos compañeros contaban sucesos que en ocasiones no creía él, pensando que solo eran cuentos.
Nuestro entrevistado argumenta que en toda su trayectoria de trailero solo cosas muy pequeñas e irrelevantes le sucedieron, nada que valiera la pena, hasta aquella ocasión en que ya estaba casi a tres años de su retiro por cansancio y otros detalles.
Un día que llevaba una carga de Villahermosa a Mérida, por la zona de Bajadas Grandes, vio a la orilla de la carretera a un masculino que pedía ayuda porque su coche tenía una falla.
No pude parar de golpe y me pasé de largo un poco del lugar donde estaba esa persona. Al bajar de mi camión, ese desconocido venía hacia mí y, al encontrarlo de frente, me explicó que su coche de pronto tuvo una falla y dejó de funcionar.
Ambos nos pusimos de acuerdo en que yo le daría una revisada al motor. Por la presencia de otros vehículos que pasaban en la carretera, yo me puse adelante y él atrás de mí; veníamos platicando a cierta distancia y yo perfectamente escuchaba sus pasos en el pavimento del acotamiento.
Yo le pregunté qué sonido emitió el motor momentos antes de dejar de trabajar y de pronto ya no lo escuché, ni tampoco oía ya sus pisadas… ¡y volteo a mirar para atrás!… ¡y ya no estaba ese hombre que instantes antes hablaba conmigo!
¡Me asomo al barranco pensando que había caído por accidente y nada!… ¡No había nadie más en ese lugar!
Entonces sigo caminando aprisa para ver el coche descompuesto… ¡Oh, mi sorpresa!… ¡El vehículo con falla mecánica tenía una apariencia de estar abandonado y siniestrado desde hace tiempo!
Quedé mudo del susto porque, primeramente, al pasar no me di cuenta de la situación del vehículo, dado que por la oscuridad se me dificultó ver con claridad.
Miré a todas partes hasta donde alcanzaba a ver a esa hora de la madrugada… ¡No había nada ni nadie!
Subo de nuevo a mi tráiler y emprendo mi viaje… ¡pensando en lo sucedido y qué habría sido lo que acababa de vivir!
Ya más adelante, un tanto recuperado del susto y la incertidumbre, hice una escala técnica en el primer merendero que encontré a la orilla de la carretera.
Pedí un caldo de pollo con verduras bien caliente, chile suficiente, tortillas y un café bien cargado… pero no me di cuenta de que mi aspecto nervioso llamaría la atención de otro compañero chofer, que me preguntó si me pasaba algo o en qué podía auxiliarme.
Brevemente le platiqué lo sucedido kilómetros atrás y, un poco serio, expresó: «¡Amigo Fito, ahora te pasó a ti eso que cuentan muchos colegas!… Pero cálmate, porque son fantasmas de la carretera; pues todo indica que es un tramo muy peligroso y han sucedido algunos accidentes trágicos en ese lugar… donde, por cierto, hace mucho tiempo había un vehículo siniestrado».
Dice don Alfredo que, ya un poco más tranquilo, terminó su comida y se marchó de la zona. Ahora bien, al dejar la carga y cumplir con ese compromiso, puso mucha atención de retorno y, al llegar al sector donde había sufrido esa sorpresa del masculino aparecido y su auto siniestrado… ¡no había nada!… ¡absolutamente nada!… ¡ni rastros!… ¡completamente limpio!
Una tercia de años posteriores, don Alfredo se jubiló por problemas de la vista y era mejor concluir así su trabajo para estar más tiempo con su familia y nietos.
Quienes creen saber de este tipo de fenómenos paranormales consideran que muchas veces este es el costo que tienen que pagar muchos choferes de tráiler debido a los diferentes accidentes en las carreteras, ya sea por colisiones o siniestros en los motores.
¿Usted ya fue objeto de una visión enigmática como este caso?… ¿Le gustaría que en la próxima Semana Santa sufra un susto como el de don Alfredo?



