El traslado de maquinaria pesada a través de las aguas del río Grijalva marca el inicio de una intervención técnica sin precedentes en la ranchería Aztlán 3ª Sección. La alcaldesa de Centro, Yolanda Osuna Huerta, activó un programa de infraestructura hídrica diseñado para mitigar los efectos del estiaje en una de las zonas de más difícil acceso del municipio. Esta maniobra logística permite la construcción de 79 jagüeyes en una región que, por su geografía, había quedado históricamente al margen de este tipo de apoyos mecanizados.
La estrategia contempla la creación de un total de 200 pozos artificiales distribuidos en diversos puntos críticos del municipio. En el caso específico de los Aztlanes, la inversión supera el millón 500 mil pesos y tiene como objetivo directo beneficiar a productores de 18 localidades. Estos depósitos permitirán la captación y almacenamiento de agua de lluvia, asegurando el suministro para el sector agropecuario ante el endurecimiento de las temporadas de sequía que afectan el territorio.
Durante la supervisión de los trabajos en la margen izquierda del río, la administración municipal subrayó que la operación representa una acción de justicia social para las comunidades ribereñas. La logística de transporte fluvial, que contó con el respaldo de Petróleos Mexicanos para el movimiento de los equipos, resuelve la limitante de conectividad que impedía la tecnificación de estas unidades de producción. La medida busca estabilizar la economía local, dependiente del sector primario, en un contexto de cambio climático donde el recurso hídrico ya no fluye con la regularidad de años anteriores.
El despliegue técnico responde a la necesidad de atender una superficie productiva que en el municipio de Centro supera las 94 mil hectáreas. Aunque en periodos recientes se han consolidado más de 500 jagüeyes en la demarcación, la zona de los Aztlanes permanecía como un pendiente estructural debido a la complejidad del traslado terrestre. Con la puesta en marcha de estas excavaciones, el gobierno local busca garantizar la autosuficiencia alimentaria y el sostenimiento de las miles de familias que integran las unidades de producción de la ribera.
Para los habitantes y productores de la zona, quienes se desplazan habitualmente mediante lanchas y cayucos, el arribo de las máquinas representa el cumplimiento de un compromiso institucional orientado a la transformación del campo. La intervención en esta zona remota establece un precedente en la gestión de recursos públicos y logística oficial, priorizando la operatividad técnica sobre los obstáculos geográficos para evitar que el sector ganadero y agrícola quede desprotegido frente a la próxima temporada crítica de calor.



