CARTA ABIERTA
La denuncia de Pemex ante la Secretaría Anticorrupción y Buen Gobierno es bien vista ante el escándalo que rodea a Virginia Guillén Ávalos. El foco de la indignación no está en los opulentos quince años de su hija María Fernanda (cada quién tiene el derecho de gastar su dinero como le venga en gana), sino en el origen de los 40 millones de pesos que se estima costó el evento.
Ahora resulta que una Auxiliar Técnico B en Pemex Exploración y Producción, con un sueldo neto de apenas 38 mil pesos mensuales e ingresos anuales de 581 mil, puede pagar un despliegue con artistas internacionales como Belinda y J Balvin, bajo la conducción de Galilea Montijo.
Este derroche surge mientras Pemex es la petrolera más endeudada del mundo, con pérdidas recurrentes y una producción decreciente que exige constantes rescates estatales.
Mientras la empresa no paga los miles de millones de pesos que debe a sus proveedores, en su interior florece una realidad paralela de opulencia descarada. El patrimonio de Guillén Ávalos, que incluye casas, terrenos y un vehículo BMW de 830 mil pesos pagado de contado, arroja sombras sobre sus declaraciones patrimoniales.
Claudia Sheinbaum ha respaldado la investigación, asegurando que su administración mantiene una política de cero tolerancia y que no habrá impunidad en este caso. Por su parte, el director general de Pemex, Víctor Rodríguez Padilla, confirmó que la denuncia se interpuso tras conocerse las inconsistencias patrimoniales. Aunque la mandataria insiste en respetar el debido proceso, la gravedad de las cifras y el contraste con la crisis financiera de la paraestatal exigen una resolución contundente.
Por otra parte es necesario que las autoridades indaguen si existen personajes políticos de alto nivel involucrados en una posible red de favoritismo.
La relación de la funcionaria con su esposo, Juan Carlos Guerrero Rojas, empresario y contratista activo de Pemex, plantea un conflicto de interés que podría alcanzar a esferas de poder más altas. Un esquema de esta magnitud difícilmente se limita a una empleada de nivel técnico; suele ser una red de complicidades.
Este caso es una inmejorable oportunidad para que la Cuarta Transformación aplique de una vez la ley ante actos de corrupción documentados. Hasta ahora, el gobierno ha mostrado indiferencia ante otros escándalos que involucran a figuras de peso dentro de Morena, lo que ha erosionado la confianza en su tan llevado y traído discurso de honestidad.



